Mate ausente, musgo sagrado y el silencio que anuncia el final
đ Melide duerme
La noche en Melide estaba serena. Sus calles vacĂas, apenas iluminadas por faroles tĂmidos, dejaban ver alguna que otra ventana encendida.
Los bares estaban ocupados por vecinos de la comarca, reunidos frente a la televisiĂłn. Se escuchaban goles y brindis entre cervezas y tapas.
Niños corriendo me saludaban con un educado:
ââÂĄBuenas noches, señor!â
Su plaza central, desierta.
Todo era quietud. Todo era Camino.
VolvĂ al hotel sabiendo que el dĂa siguiente serĂa especial. Ya estĂĄbamos mĂĄs allĂĄ del ecuador de nuestro recorrido. MĂĄs cerca de Santiago. MĂĄs cerca del final.

â Desayuno con alma de mundo
A las 7:30 h, como cada mañana, nos reencontramos en el bar del hotel. Nadie faltó.
El ambiente era Ăntimo, familiar, lleno de gestos cĂłmplices.
A nuestro alrededor: ingleses, mexicanos, españoles, colombianos⊠y yo, esperando que apareciera alguien con un mate por accidente.
Extrañaba mi termo, mi mate de la mañana, esa rutina tan argentina.
Pero el Camino no deja espacio para la nostalgia: siempre te da algo para pensar.
Hoy, por ejemplo, pensaba en cómo transmitirle al grupo que cada paso que dåbamos nos acercaba a Santiago⊠pero también al final.
El impacto fue inmediato. Se hizo el silencio.
Las sonrisas se apagaron un segundo⊠y luego, con una mirada entre todos, entendimos:
habĂamos llegado muy lejos. Y aĂșn quedaba el tramo mĂĄs valioso.
đż Verde, lluvia y pasos con alma
La salida de Melide fue como una caricia hĂșmeda. Galicia volvĂa a regalarnos su vegetaciĂłn infinita, sus caminos de tierra pisada, sus muros de piedra cubiertos de musgo.
Cada uno caminaba con su ritmo, su emociĂłn, su historia.
Las charlas fluĂan. Las bromas. Las anĂ©cdotas. Y tambiĂ©n⊠los silencios.
Sergio, El PĂĄrroco, se separaba cada tanto para acariciar ĂĄrboles, tocar el musgo, respirar profundamente.
Almudena, La Rectora, se detenĂa con frecuencia para tomar fotos y secar alguna lĂĄgrima de emociĂłn.
Raquel, La Sra. OrganizaciĂłn, observaba todo con calma, casi sin hablar, como si no quisiera perderse ni un detalle.
Manuela, La Chef Michelin, caminaba sin perder la sonrisa, como si cada paso la alimentara.
Teresita y Olga conversaban animadamente, dejando una estela de alegrĂa tras cada paso.
La lluvia nos encontrĂł en el camino. Ya no la temĂamos. La recibimos como una bendiciĂłn.
EstĂĄbamos preparados. Hasta la humedad nos abrazaba.

đ€ïž ArzĂșa, tan cerca⊠tan lejos
Poco mĂĄs de 15 kilĂłmetros.
Pero este tramo se sintiĂł mĂĄs corto.
No porque lo fuera, sino porque Ăbamos llenos de cosas que contar, que recordar, que sentir.
Y entonces, a lo lejos, apareciĂł ArzĂșa.
Y con ella, la conciencia brutal de que ya solo nos quedaban 40 kilĂłmetros.
La meta estaba cerca. Demasiado cerca.
Al llegar al albergue, el silencio fue lo Ășnico que sonaba.
Solo rompimos el hechizo para preguntar:
ââÂżDĂłnde comemos?â
ââÂżA quĂ© hora es la misa?â

đ Misa y una mesa redonda
La misa comenzĂł puntual.
Como en cada etapa, el sacerdote nos dio la bienvenida con palabras cĂĄlidas, con bendiciones para nuestros pasos y nuestras cargas invisibles.
Cada misa, cada iglesia⊠cada instante de espiritualidad era Ășnico.
Luego fuimos a comer a un bodegón sencillo y auténtico, justo sobre el Camino.
Nos recibieron con sonrisas y un trato cercano.
Los platos, sabrosos y abundantes.
Por momentos daban ganas de repetir.
La sobremesa fue larga, cĂĄlida, llena de confesiones.
Un partido de la Champions sonaba de fondo. Algunos aplaudĂan. Nosotros simplemente estĂĄbamos en paz.

đ Reflexiones bajo la luna
Al salir del restaurante, las risas nos acompañaron de camino al hotel.
Pero yo no entré enseguida.
Me quedé, como cada noche, a caminar solo por la ciudad.
ArzĂșa dormĂa. El Camino tambiĂ©n.
Pensaba en todo lo vivido. En todo lo que vendrĂa.
Y en esa mezcla de emoción y tristeza que solo aparece cuando un sueño empieza a cumplirse⊠y a terminarse a la vez.
Mañana nos esperan otros 20 kilómetros.
Un paso mĂĄs hacia esa ilusiĂłn que ya casi podemos tocar.
đCuriosidades de ArzĂșa (segĂșn la guĂa del mayorista):
- Es conocida por su queso con denominaciĂłn de origen: Queso de ArzĂșa-Ulloa.
- Su nombre viene del latĂn Arciola, que significa âpequeña fortalezaâ.
- Es uno de los Ășltimos pueblos grandes antes de llegar a Santiago, con todos los servicios.
- Tiene mĂșltiples albergues, restaurantes y bares con platos tĂpicos gallegos.
