Día 0: El AVE, un Asiento Vacío y el Misterio de la Peregrina de Medianoche

Descubre el inicio de nuestro Camino de Santiago. Tensión en Chamartín, la majestuosidad de Lugo en Semana Santa y una llegada inesperada a medianoche.


El día del encuentro por fin había llegado. Con mi mochila lista y ajustada milimétricamente, llegué a la estación de Chamartín en Madrid. Como ya es tradición en Cueva del Destino, el primero en hacerse presente fue el párroco de nuestro pueblo. Aunque esta vez no caminaría con nosotros, no podía faltar a nuestro ritual: un buen café con leche humeante mientras esperábamos para dar la bendición a los nuevos aventureros. El reloj avanzaba y la estación hervía de gente; la Semana Santa en el Camino de Santiago es mucho más popular de lo que uno imagina desde el sofá de su casa.

Lugo

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La primera en aparecer por la terminal fue Citlalli. Impecable. Traía un equipaje de mano ligero y una mochila de peregrina de alta gama, perfectamente ajustada a su espalda, demostrando que el confort y la aventura no están reñidos. Mientras la saludábamos, el móvil vibró: Sayri nos avisaba de que estaba «al caer», pero el tiempo apremiaba. Tuvimos que pasar los controles de seguridad de las maletas. Fue justo en esa cinta de rayos X donde el párroco nos dio la bendición final, un abrazo fuerte y se despidió.

Pero faltaba ella. Nuestra pasajera misteriosa. A pocos minutos de embarcar, recibí una foto en mi WhatsApp: era su mano sosteniendo unas gafas, con un mensaje de audio de fondo y mucho ruido. Su tren de conexión estaba demorado y veía casi imposible llegar. Sayri apareció corriendo con su energía desbordante justo cuando sonaba el anuncio de embarque. Subimos a un tren AVE inusualmente largo. Faltaban dos minutos para el cierre de puertas… y llegó el mensaje que ningún guía quiere leer: «No he llegado al embarque». Las puertas se cerraron herméticamente y el tren comenzó su suave deslizamiento hacia Lugo, con un asiento vacío.

Cuatro horas después, llegamos. Curiosamente, fuimos muy pocos los que bajamos en la ciudad amurallada; la gran mayoría bajo en Sarria, el punto de inicio masivo del Camino Francés. Nosotros, buscando esa desconexión y exclusividad, elegimos Lugo.

Caminamos despacio hacia nuestro alojamiento. Entrar en Lugo es abrazar la historia: su Muralla Romana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es la única en el mundo que conserva su perímetro íntegro. Nos recibió imponente, protegiendo un casco histórico que esa tarde vibraba con la devoción y el arte de las procesiones de Semana Santa.

Llegamos a nuestro albergue boutique, ese lugar clave que siempre rompe el hielo. Nos recibió un recepcionista cubano que, con una simpatía arrolladora y ritmo caribeño, nos hizo el check-in y nos mostró las instalaciones. Cero literas. Camas individuales de una plaza, perfectamente separadas, con colchones premium y una limpieza exquisita. El lujo de lo sencillo.

Allí compartimos espacio con Belén, una chica que venía de Canarias (aunque en realidad era de Madrid). Al principio nos miraba sorprendida por nuestra mística de grupo privado, pero la magia del Camino actuó rápido: tras unos minutos de charla, ya parecía una más de la expedición.


La noche cayó y salimos a devorar la gastronomía lucense. Entre tapas, vinos locales y el sobrecogedor paso de las procesiones, nos cruzamos con los primeros peregrinos del Camino Primitivo. La atmósfera era mágica, pero la pregunta seguía en el aire: ¿dónde estaba nuestra cuarta pasajera? Sabíamos que venía en camino en otro transporte, pero no teníamos hora de llegada.

De vuelta al albergue, el cansancio del viaje y la ansiedad por empezar a caminar se mezclaban mientras preparábamos el equipo para la mañana siguiente. Belén nos miraba ir de un lado a otro, ajustando correas y revisando cantimploras, seguramente pensando que estábamos un poco locos.

Las luces se apagaron. Todo era silencio. Hasta que, a las 23:30 h, la puerta de entrada crujió levemente. Alguien acababa de cruzar el umbral en la oscuridad. Casi no hubo tiempo para presentaciones formales… pero esa, es una historia para nuestra primera etapa.

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