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📲 Unirse al Canal de WhatsAppDescubre Laguardia a ritmo humano. Su muralla del siglo XIII, las bodegas subterráneas, la portada de Santa María de los Reyes y sus mejores rutas por Álava.

1. El alma del lugar
Hay villas en el norte peninsular donde el suelo que se pisa no es más que la cubierta de una ciudad secreta que respira a la temperatura constante de la tierra. Suspendida sobre un promontorio estratégico en el corazón de la Rioja Alavesa, recortada contra la majestuosa pared calcárea de la Sierra de Cantabria y contemplando una mar de viñedos que mudan de color con las estaciones, se alza Laguardia. Integrada en la red de los Pueblos Más Bonitos de España, esta villa medieval alavesa conservada de forma ejemplar es una atalaya viva donde la historia defensiva de frontera y la cultura milenaria de la vid se entrelazan de manera indivisible.
Para nosotros, en Cueva del Destino, llegar a Laguardia es un ejercicio de contemplación atemporal y ritmo humano. Una invitación a cruzar las puertas de sus murallas, dejar atrás el ruido del mundo, pasear por su trazado peatonal e internarse en el sosiego de sus calles de piedra labrada.
2. Historia y patrimonio: Qué ver en la villa amurallada
Fundada en el siglo X por el rey navarro Sancho Garcés Abarca como baluarte defensivo del Reino de Navarra frente a Castilla, Laguardia ha sabido preservar intacta la esencia de su trazado medieval:
- El recinto amurallado y sus puertas: Construido en el siglo XIII bajo el reinado de Sancho VII el Fuerte, el cinturón de murallas conserva sus cinco puertas históricas (Paganos, Mercadal, San Juan, Santa Engracia y Carnicerías), que continúan dando la bienvenida al caminante a ritmo pausado.
- La Iglesia de Santa María de los Reyes: Una de las joyas monumentales del País Vasco. Su imponente portada gótica del siglo XIV, esculpida en piedra y ricamente policromada en el siglo XVII, se conserva a resguardo en un pórtico cerrado que deja sin aliento a quien cruza su umbral.
- La Iglesia de San Juan Bautista: Templo iniciado en estilo románico y culminado en el barroco, exento sobre una de las placetas más sugerentes del casco antiguo, cuya torre formaba parte del entramado defensivo sur.
- El entramado de bodegas subterráneas (los calados): El verdadero secreto de Laguardia discurre bajo el subsuelo. La villa está totalmente horadada por decenas de cuevas excavadas en la roca desde la Edad Media. Originalmente concebidas como refugios de guerra y pasadizos de huida, su temperatura constante las convirtió con los siglos en las bodegas perfectas para la crianza del vino tradicional en pellejos de cuero y barricas de roble.
- La Plaza Mayor y el reloj articulado: Corazón social de la localidad, presidido por la Casa Consistorial y un célebre reloj con autómatas que bailan al ritmo de la danza tradicional de los danzantes de la villa.
3. Naturaleza a pie: Rutas de senderismo y lagunas protegidas
Más allá de sus calles empedradas, Laguardia ofrece un paisaje de marcado valor ecológico e itinerarios llanos para recorrer a pie:
- Biotopo Protegido del Complejo Lagunar de Laguardia: Un conjunto de cuatro lagunas endorreicas de agua salobre (Carralogroño, Carravalseca, Prao de la Paul y Musco). La ruta circular que bordea la Laguna del Prao de la Paul es una caminata llana y adaptada de unos 4 km, perfecta para la observación de aves migratorias y flora de saladar.
- Sendero entre viñedos hasta el Yacimiento del Poblado de La Hoya: Travesía sencilla de unos 2,5 km hacia las afueras de la villa que conduce a uno de los yacimientos protohistóricos más importantes de la Edad del Bronce y del Hierro en el norte peninsular.
- Ascensión a la Sierra de Cantabria (Pico San León): Para caminantes con ganas de ganar desnivel, la subida desde el cercano puerto de Herrera regala una panorámica aérea completa de la llanura de la Rioja Alavesa y el meandro del río Ebro.
4. Guía práctica y logística del viajero
📍 Cómo llegar y aparcar
- En autobús (Álavabus): La línea 9 de la red Álavabus conecta de forma regular y directa Laguardia con Vitoria-Gasteiz y con Logroño, dejando al viajero junto a las murallas.
- En vehículo particular: Acceso principal a través de la carretera N-232a que recorre la comarca desde Logroño (a solo 18 km) o por la A-2124 descarrilando desde la capital alavesa cruzando el puerto de Herrera.
- Aparcamiento: Dado que el interior del recinto amurallado es eminentemente peatonal y de acceso restringido a residentes, es obligatorio estacionar el vehículo en los grandes aparcamientos públicos habilitados en el perímetro exterior (junto a la Puerta de Paganos, la de Carnicerías o el ascensor panorámico).
🍷 Dónde comer: Sabores de la tierra
La propuesta culinaria en Laguardia es una fiesta de los sabores de la huerta alavesa y la cocina de cazuela tradicional. Destacan las patatas a la riojana (elaboradas con chorizo y pimiento choricero), las chuletillas de cordero lechal asadas al sarmiento sobre las brasas de la vid, las pochas con codorniz y las menestras de verduras de temporada.
Sugerencias del Autor:
- Asadores tradicionales y tabernas de la calle Mayor: Espacios de piedra noble situados sobre antiguos calados donde degustar raciones de pintxos y carnes a la brasa maridadas con vinos jóvenes de maceración carbónica o crianzas con D.O.Ca. Rioja.
🏡 Dónde alojarse: Para una escapada con descanso
Para alargar la estancia en la provincia de Álava, pasear al atardecer cuando el turismo se retira y conectar fácilmente con la comarca:
Sugerencias del Autor:
- Hoteles boutique y casonas en el casco amurallado: Antiguos palacios señoriales rehabilitados con bodegas históricas en su subsuelo y vistas abiertas hacia la Sierra de Cantabria.
- Hotel Castillo El Collado (Laguardia): Un hotel boutique en un castillo del siglo XIX con gastronomía vasco-rioja y vistas a la Sierra de Cantabria.
5. Reflexión final del caminante
Laguardia no se visita con prisa ni midiendo el tiempo con la impaciencia de la ciudad. Es una fortaleza que pide detener el paso frente al pórtico de Santa María, bajar peldaño a peldaño a la penumbra de un calado subterráneo, respirar el aroma suave a roble y uva madura y recordar que viajar despacio es la única forma verdadera de habitar los paisajes.
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